Laboratorio · Experimentar
Publicación 8 · Kairos Laboratorio — un experimento de teoría de juegos aplicado a compras públicas

La corrupción no empieza con personas malas. Empieza con incentivos.

Un experimento con 100 licitaciones para entender cuánto valor puede destruir la corrupción y por qué castigar más no siempre es la mejor solución.

En una frase

Cuando sobornar y aceptar el soborno siguen siendo rentables para ambas partes, la corrupción puede sostenerse; basta con romper esa rentabilidad para una sola de ellas —no con volver santos a todos— para que la estrategia corrupta deje de funcionar.

Kairos Laboratorio · Experimento de incentivos y compras públicas Tiempo estimado de lectura: 8–10 minutos
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①El problema ②Mercado honesto ③Entra la corrupción ④Detectar y sancionar ⑤Controlar cuesta ⑥Una reforma en el tiempo ⑦Qué aprendimos

¿Y si el problema no fuera solamente la persona?

Cuando hablamos de corrupción solemos pensar en individuos. Pero si todo dependiera únicamente de encontrar personas honestas, cada cambio de funcionario debería resolver el problema.

Cuando hablamos de corrupción solemos pensar en individuos: una empresa ofrece dinero, un funcionario acepta y alguien roba. Pero si todo dependiera únicamente de encontrar personas honestas, cada cambio de funcionario debería resolver el problema.

La pregunta de este experimento es distinta:

¿Qué ocurre cuando el sistema hace rentable sobornar y también hace rentable aceptar el soborno?

Para estudiar esa pregunta, Kairos construyó una economía artificial: un mercado de compras públicas simulado, con reglas explícitas y observables, donde podemos cambiar una sola variable a la vez y ver exactamente qué ocurre.

Este modelo no mide la corrupción de Guatemala ni representa contratos reales. Su propósito es aislar mecanismos de incentivos, no estimar cifras del país.

Primero construimos un mercado honesto

Antes de estudiar la corrupción, necesitábamos un punto de comparación limpio: qué pasa cuando nadie soborna a nadie.

Licitaciones 100
Empresas por licitación 5
Ofertas totales 500

Cada empresa participante llega con cuatro características: precio, calidad, experiencia y riesgo. La adjudicación no depende simplemente de quién ofrece el precio más bajo. El Estado, en este modelo, calcula un índice de valor público que pondera esas cuatro dimensiones:

Valor público = 30% calidad + 25% precio + 25% experiencia + 20% bajo riesgo

Aplicando esta regla a las 100 licitaciones, sin ningún tipo de soborno, el mercado honesto produce este resultado agregado:

Valor público del mercado honesto 8197.05
8197.05 no son quetzales ni dólares. Es un índice sintético que nos permite comparar exactamente el mismo mercado bajo distintas reglas.

Dejamos entrar la corrupción

Con las mismas 100 licitaciones, ahora permitimos que una empresa pueda ofrecer un soborno y que el funcionario pueda aceptarlo.

Escenario base del experimento:

Soborno = 20  ·  Probabilidad de detección = 10%  ·  Sanción = 100

Con esos parámetros, a las empresas les sigue resultando rentable sobornar, y al funcionario le sigue resultando rentable aceptar. Aplicamos la corrupción sobre las mismas 100 licitaciones y comparamos:

Valor público honesto 8197.05
Valor público corrupto 5653.88
Pérdida 2543.17
Pérdida relativa 31.03%
Comparación del valor público del mercado honesto frente al mercado corrupto en las mismas 100 licitaciones
Figura 1. Valor público del mercado honesto frente al mercado corrupto, sobre las mismas 100 licitaciones.
El principal costo en este modelo no es el dinero del soborno. El daño aparece porque el contrato termina en una empresa que genera menos valor público.

No sumamos el monto del soborno a la pérdida de valor público porque, dentro de este modelo, el soborno se trata como una transferencia entre agentes, no como una pérdida social adicional. La pérdida medida corresponde a la mala asignación del contrato.

Detectar más o sancionar más: no son lo mismo

El modelo nos deja mover, por separado, la probabilidad de detección y el tamaño de la sanción. Cada una actúa de forma distinta.

¿Qué ocurre si aumenta la probabilidad de detección?

Mantenemos la sanción fija en F = 100 y vamos subiendo la probabilidad de detección p:

Desde p = 20%, ningún soborno se acepta y ningún contrato se distorsiona, y el valor público vuelve a 8197.05.

Valor público y sobornos aceptados en función de la probabilidad de detección
Figura 2. Cómo cambia la corrupción efectiva a medida que aumenta la probabilidad de detección, con la sanción fija en F = 100.
intentar corromper ≠ lograr corromper

Las empresas todavía pueden querer sobornar, pero la transacción deja de completarse: el incentivo del funcionario ya no la sostiene.

¿Y si en cambio castigamos más?

Ahora fijamos la probabilidad de detección en p = 10% y aumentamos la sanción F.

Con F = 200, el funcionario deja de aceptar el soborno. Pero las empresas siguen encontrando rentable ofrecerlo durante mucho más tiempo:

Funcionario deja de aceptar F = 200
Primera caída en empresas dispuestas a sobornar F = 1125
Ninguna empresa mantiene el incentivo F = 1700
Empresas dispuestas a sobornar en función del tamaño de la sanción
Figura 3. Empresas dispuestas a sobornar en función del tamaño de la sanción, con la probabilidad de detección fija en p = 10%.
No fue necesario eliminar completamente el incentivo de las empresas para detener la corrupción efectiva. Basta con romper el incentivo de una sola de las dos partes.
Una institución no necesita convertir a todos en santos. Necesita hacer que la estrategia corrupta deje de funcionar.

Detectar más o castigar más: combinaciones equivalentes

El modelo mostró que distintas combinaciones de detección y sanción pueden producir el mismo castigo esperado:

10% × 200

= 20

20% × 100

= 20

40% × 50

= 20

En las tres combinaciones, p · F = 20, y la corrupción efectiva desaparece. Si varias políticas funcionan igual de bien, ¿cuál conviene? Esa pregunta nos lleva al costo de controlar.

Controlar también cuesta

Detectar y sancionar no son gratuitos. Auditar, investigar y sancionar consume recursos institucionales.

Los costos institucionales de este experimento son sintéticos: no representan presupuestos reales ni estimaciones para Guatemala. Solo obligan al modelo a reconocer que controlar tiene un precio.

Definimos dos funciones de costo, una para la detección y otra para la sanción:

Cp(p) = 1000 p²  ·  CF(F) = 0.5 F

Y definimos el valor público neto como:

Valor público neto = Valor público − Costo institucional

Con el escenario que elimina la corrupción a menor costo relativo (p = 20%, F = 100), el costo institucional es 40 + 50 = 90:

Valor público bruto 8197.05
Costo institucional 90
Valor público neto 8107.05
Mapa de valor público neto para distintas combinaciones de probabilidad de detección y sanción
Figura 4. Valor público neto —bruto menos costo institucional— para distintas combinaciones de detección y sanción.

Un resultado extraño: controlar poco puede ser peor que no controlar

Comparemos el escenario base de corrupción (p = 10%, F = 100) contra no controlar nada (p = 0, F = 0):

EscenarioValor públicoCosto institucionalValor neto
Control débil (p=10%, F=100)5653.88605593.88
Sin ningún control (p=0, F=0)5653.8805653.88

El valor público bruto es idéntico en ambos casos —la corrupción no cambió de comportamiento—, pero el gobierno con control débil terminó con menos valor neto que el gobierno que no controló nada.

El gobierno estaba pagando por controlar, pero el control seguía siendo demasiado débil para cambiar la estrategia de nadie. Una política puede costar recursos y ser demasiado débil para modificar el comportamiento.

¿Depende esto de cómo definimos los costos?

Probamos 9 estructuras de costo distintas, variando el peso relativo de detectar y de sancionar. De todas ellas, solo emergieron dos políticas óptimas:

p = 20%, F = 100

Óptima cuando sancionar es relativamente más caro que detectar.

p = 10%, F = 200

Óptima cuando detectar es relativamente más caro que sancionar.

Ambas cumplen p · F = 20. No existe una combinación universalmente óptima dentro del experimento: la mezcla eficiente depende de los costos relativos, pero la frontera estratégica —p · F = 20— permaneció estable en todos los casos.

¿Qué ocurre si la corrupción ya se volvió una costumbre?

Todo lo anterior fue estático. Ahora dejamos correr el experimento a lo largo de 100 rondas, con una reforma real ocurriendo a la mitad del camino.

Simulamos 100 rondas de licitaciones, con una regla que cambia a la mitad del experimento:

Rondas 1–50

p = 10%, F = 100 — la corrupción sigue siendo rentable para ambas partes.

Rondas 51–100

p = 20%, F = 100 — entra en vigor la reforma que aumenta la detección.

Antes de la reforma, cada ronda repetía el mismo patrón: 100 intentos, 100 sobornos aceptados, 100 contratos distorsionados. Acumulado en 50 rondas:

Intentos acumulados 5000
Sobornos aceptados 5000
Contratos distorsionados 5000
Pérdida acumulada 127158.39

La reforma cambia los resultados de inmediato

En la ronda 51, al aumentar la detección, los sobornos aceptados pasan de 100 a 0 inmediatamente. El valor público salta de 5653.88 a 8197.05 en una sola ronda.

Valor público a lo largo de 100 rondas, con un salto inmediato en la ronda 51 tras la reforma
Figura 5. Valor público a lo largo de las 100 rondas. El salto ocurre exactamente en la ronda 51, cuando entra en vigor la reforma.

Pero el comportamiento tarda más

Aunque ningún soborno vuelve a aceptarse después de la ronda 51, las empresas continúan intentando ofrecerlo durante un tiempo:

Ronda6065707580
Intentos de soborno1005326100
Primer descenso por debajo de 100 Ronda 61
Primera ronda sin intentos Ronda 80
Retraso adaptativo 29 rondas
Número de intentos de soborno por ronda, mostrando una disminución gradual tras la reforma
Figura 6. Intentos de soborno por ronda. El resultado cambia en la ronda 51, pero los intentos tardan 29 rondas más en desaparecer del todo.
Empresas con disposición conductual a intentar sobornar, en descenso gradual tras la reforma
Figura 7 (complementaria). Empresas con disposición conductual a intentar sobornar tras la reforma: 400 → 286 → 135 → 60 → 11 → 0. Muestra cómo desaparece gradualmente esa disposición entre las empresas que todavía podían intentarlo.
Las 29 rondas no estiman cuánto tarda una empresa real en cambiar de conducta. La velocidad proviene de una regla artificial de adaptación dentro del modelo, no de evidencia empírica.
los resultados pueden cambiar antes que las conductas

Qué aprendimos

Seis ideas que resumen el experimento completo.

Qué NO demuestra este experimento

Es tan importante decir qué mostramos como decir qué no estamos afirmando.

Todos los números dependen de los supuestos artificiales del modelo. El propósito de este experimento es estudiar mecanismos de incentivos, no medir un país.

Tal vez la pregunta equivocada sea cómo encontrar personas que nunca quieran corromperse.

Quizá una pregunta más útil sea cómo diseñar instituciones donde corromper deje de ser una estrategia que funciona.

Las instituciones no necesitan eliminar todas las malas intenciones para cambiar los resultados. A veces necesitan algo más sencillo: cambiar los incentivos.

Para profundizar

Esta publicación presenta el argumento de forma introductoria. La investigación completa detalla el diseño del experimento, las reglas de decisión de empresas y funcionarios, el análisis de sensibilidad completo con las 9 estructuras de costo y la especificación del experimento dinámico.

Leer la investigación completa →

Nota metodológica

Esta es una versión divulgativa de un experimento de teoría de juegos. Ningún resultado aquí presentado debe interpretarse como una estimación de corrupción real en Guatemala ni en ningún otro país.

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