Economía · Observar
Política 1 · Serie Kairos: 10 políticas ambientales para Guatemala

¿Es suficiente pagar por conservar para salvar nuestros bosques?

Guatemala ya paga por proteger sus bosques, pero los pagos pueden llegar tarde, no siempre se dirigen a las áreas con mayor riesgo y compiten contra actividades que ofrecen dinero más rápido.

En una frase

Guatemala ya paga por proteger sus bosques, pero los pagos pueden llegar tarde, no siempre se dirigen a las áreas con mayor riesgo y compiten contra actividades que ofrecen dinero más rápido.

Serie Kairos · 10 políticas ambientales para Guatemala Tiempo estimado de lectura: 5–6 minutos
Ver investigación y metodología →
①El problema ②Petén ③La propuesta Kairos ④El piloto

Un bosque y una oficina utilizan relojes diferentes

Un bosque puede tardar décadas en crecer y desaparecer en pocos días. El dinero destinado a protegerlo, en cambio, puede tardar años en llegar.

Guatemala cuenta con programas que pagan a propietarios, comunidades y pequeños poseedores por conservar, restaurar o manejar bosques. Esto tiene sentido: un bosque beneficia a toda la sociedad, pero mantenerlo puede tener un costo para la persona que posee o trabaja la tierra.

El bosque captura carbono, protege fuentes de agua, conserva el suelo y alberga biodiversidad. Sin embargo, estos beneficios no producen necesariamente un ingreso inmediato para quien decide no talarlo. Transformar la tierra sí puede hacerlo.

Conservar produce beneficios para todos, pero el costo de conservar suele recaer sobre una persona o comunidad.

Por eso existen los incentivos forestales. La pregunta no es si deberíamos eliminarlos. La pregunta es si su diseño actual es suficiente frente a la velocidad de la deforestación, los incendios y el cambio climático.

Guatemala ya paga por conservar

El país no comienza desde cero. Durante más de veinte años ha desarrollado distintos programas forestales.

PINFOR

Financió plantaciones, manejo y conservación entre 1997 y 2016.

PROBOSQUE

Continuó parte de ese trabajo y amplió las actividades y los participantes posibles.

PINPEP

Permitió que pequeños poseedores, incluso algunos sin título de propiedad inscrito, accedieran a incentivos.

PRE

Guatemala mide cuánto logró reducir las emisiones por deforestación y degradación, y recibe un pago tras una verificación internacional.

En PROBOSQUE y PINPEP, el INAB certifica el cumplimiento de las actividades o planes forestales antes del desembolso. El PRE sigue otro proceso: las reducciones agregadas se someten a monitoreo, reporte y verificación, y los beneficios se distribuyen posteriormente conforme a las reglas del programa. Aunque los instrumentos cumplen funciones distintas, comparten una idea:

Quien ayuda a conservar un beneficio ambiental debería recibir parte de su valor.

El problema aparece cuando el pago deja de competir efectivamente contra las alternativas.

¿Qué sucede si el pago llega años después?

Parte de la espera es necesaria. Antes de pagar, se debe comprobar que la reducción realmente ocurrió.

Sin medición y verificación, cualquier proyecto podría atribuirse resultados que no produjo. Pero la espera también tiene un costo.

Imaginemos a una comunidad que debe elegir hoy entre conservar un área o transformarla para obtener ingresos. Un pago posible dentro de varios años no tiene el mismo valor que un ingreso disponible durante la decisión. Aunque la cantidad final sea idéntica, cambian la incertidumbre, la confianza y la capacidad de pagar necesidades actuales.

El problema no consiste solamente en cuánto paga el Estado. También importa cuándo, con qué certeza y después de cuántos trámites.

Petén muestra la contradicción

La región alberga una enorme riqueza forestal y, al mismo tiempo, algunas de las mayores presiones de deforestación del país.

Petén alberga la Reserva de la Biosfera Maya y una parte fundamental del patrimonio forestal del país. Al mismo tiempo, enfrenta algunas de las mayores presiones de deforestación y cambio de uso del suelo.

La información oficial disponible indica que, entre 2001 y 2016, alrededor de 68% de la deforestación nacional ocurrió en las tierras bajas del norte, una región que incluye Petén, Quiché y Alta Verapaz. La conversión hacia pastizales para ganadería extensiva representó aproximadamente 35% de la deforestación identificada en Guatemala.[1]

Petén permite observar el conflicto con claridad. El territorio que conserva una enorme riqueza forestal también puede ofrecer ganancias privadas mediante la expansión de otras actividades. Si proteger el bosque requiere trámites e incertidumbre, mientras transformarlo ofrece beneficios más inmediatos, el incentivo ambiental comienza la competencia en desventaja.

Lo que solemos contar

  • Árboles entregados
  • Hectáreas certificadas
  • Personas capacitadas
  • Presupuesto ejecutado

Lo que necesitamos conocer

  • Árboles que sobrevivieron
  • Deforestación realmente evitada
  • Cambios persistentes de conducta
  • Costo por resultado ambiental

Una hectárea pagada no siempre es una hectárea salvada

Dos hectáreas del mismo tamaño pueden producir un resultado público muy distinto.

Supongamos que el Estado paga por conservar un bosque que nunca estuvo en peligro. El bosque permanece y el participante cumple las reglas, pero probablemente habría ocurrido lo mismo sin el pago. Ahora imaginemos otra parcela junto a una carretera, rodeada de áreas agrícolas y bajo presión para convertirse en pastizal. Si el pago cambia la decisión del propietario, el programa sí evita una pérdida que probablemente habría ocurrido.

En economía ambiental, esta diferencia se llama adicionalidad: el cambio que ocurrió gracias a la política y que no habría ocurrido sin ella.

Un estudio académico sobre más de veinte años de incentivos en Guatemala encontró que los efectos cambian según el programa y la modalidad. Algunas intervenciones redujeron la pérdida de bosque y otras modalidades produjeron efectos importantes de restauración.[2]

Funcionan de manera diferente según dónde, cómo y para qué se utilicen.

Sembrar, capacitar y tomar fotografías no basta

Contar árboles entregados o fotografías tomadas no demuestra todavía que exista un resultado climático.

Una jornada de reforestación puede ser valiosa: puede sensibilizar a una comunidad, enseñar prácticas forestales y movilizar voluntarios. Para conocer su impacto real tendríamos que regresar después y preguntar:

Las jornadas institucionales de reforestación pueden generar valor educativo, pero necesitan indicadores posteriores para demostrar su impacto ambiental. Esto no significa afirmar que fracasaron. Significa reconocer que una actividad y un resultado no son lo mismo.

Guatemala mide con facilidad cuánto hizo, pero todavía necesita conocer mejor cuánto cambió gracias a lo que hizo.

¿Debemos cobrarle más a la ganadería?

No todos los productores son iguales, y tampoco sería correcto afirmar que los ganaderos no pagan impuestos.

La ganadería es una parte importante de la economía rural. Un pequeño productor con pocas cabezas no posee la misma capacidad ni genera la misma presión territorial que una gran operación comercial o una ocupación ilegal dentro de un área protegida. El verdadero problema es que pagar impuestos por ventas o ingresos no significa necesariamente pagar por los costos ambientales de una actividad.

Por eso, Kairos no propone simplemente un impuesto por cada vaca. Una alternativa más equilibrada sería una transición ganadera libre de deforestación:

No se trataría de castigar la ganadería, sino de evitar que su rentabilidad dependa de seguir ampliando la frontera agropecuaria.

La propuesta Kairos

Proponemos probar tres cambios conectados.

1 · Pagar estratégicamente

Considerar el riesgo real de deforestación, el costo de oportunidad del terreno, la situación económica del participante y la importancia ambiental del área.

2 · Acercar el pago a la acción

Un fondo temporal podría entregar anticipos prudentes mientras finaliza la verificación internacional, sin dejar solas a las comunidades durante años de espera.

3 · Medir para aprender

El PRE, el INAB, el MARN, el MAGA y el CONAP deberían conectar sus datos y comprobar en campo qué intervenciones funcionan.

¿Qué resultado ambiental adicional compramos con este dinero?
1. Focalizar

Pagar según riesgo, adicionalidad y costo de oportunidad.

2. Acercar

Reducir la distancia entre la acción ambiental y el desembolso.

3. Aprender

Conectar información, verificación de campo y evaluación.

Primero probar, después ampliar

Petén podría servir para un piloto de tres a cinco años.

Distintos territorios recibirían combinaciones de pagos ajustados por riesgo, asistencia silvopastoril, prevención de incendios, trazabilidad y financiamiento puente. Después compararíamos:

El piloto no debería diseñarse para demostrar que la propuesta tiene razón. Debería permitir que la evidencia señale qué funciona, qué debe corregirse y qué no merece ampliarse.

Entonces, ¿es suficiente pagar por conservar? No por sí solo.

Los incentivos forestales son necesarios porque conservar genera beneficios que el mercado no remunera adecuadamente. Pero un pago tardío, uniforme o dirigido a un área sin riesgo puede producir menos impacto del esperado.

No basta con hacer rentable conservar; también debemos dejar de hacer rentable destruir.

Para profundizar

Esta publicación presenta el argumento de forma introductoria. La investigación completa explica la clasificación de los instrumentos, la evidencia causal, el diseño institucional, los riesgos fiscales y el stress test de implementación.

Leer la investigación completa →

Referencias esenciales

Esta es una versión de trabajo en revisión editorial. Algunos datos (fechas y montos exactos de desembolso del PRE, y el cálculo departamental de emisiones de Petén) están pendientes de una fuente pública antes de incorporarse a esta publicación.

Política 1 de 10 · Serie ambiental Kairos